Blackbird fly
"A la cuenta de tres echamos a correr y olvidamos al mundo, ¿vale?" y una sonrisa sincera destelló seguridad y esperanza, amor. Pero eso nunca sucedió.
jueves, 17 de marzo de 2016
Por qué ya no voy al dentista
En ese entonces, yo tendría unos dieciséis años aproximadamente y mi conciencia era pasajera en una nube de pedos que flotaba por sobre todo lo puede llegarle a una piba de esa edad. Recuerdo a la dentista darse un panorama analítico sobre mí en un pantallazo rápido con sus lentes culo de botella. La recuerdo un tanto preocupada sobre mi contextura física pero con una respuesta a mi problema.
Quiero detenerme aquí y expresar que no siento resentimiento alguno con la persona emisora del mensaje, simplemente busco hacer incapié en lo que tenemos naturalizado -todos y todas- como miembros de esta sociedad.
En el momento del pinchazo, de cerrar fuerte los ojos, se le vino a la mente el caso -para ella familiar- de la mejor amiga de su hija menor. Resulta que la muchacha a la que hacía referencia era grandota así como yo pero que en algún momento el patito resurgió en cisne y entonces conoció la felicidad. La piba -podemos llamarla Clara- al adelgazar, después del desarrollo propio de la adolescencia -aunque tardío-, comenzó a experimentar de qué se trataba el mundo. Según la dentista -que ya no puedo caracterizar como mi dentista- Clara se expresaba un tanto incómoda ante el acoso callejero -que la dentista describió como piropos-.
¿Podés creer que se ponía tímida porque le decían cosas por la calle? ¡Qué pava!
Finalmente comprendí que esa era la medida estándar para encajar. Que "ya me iba a llegar a mí" era la resolución a su anécdota. Lo que no sabía la dentista es que a mí también me piropeaban por la calle. Entonces comprendí que yo no estaba tan mal, tenía el aval de todos los cerdos machistas que me cruzara en la vía pública. Esa vuelta salí, como no acostumbraba hacerlo después de una hora y media con la jeta dormida y olor a diente molido por el torno, autosuficiente. Queriéndome un poco más por la -falsa- idea de que estaba aceptada. Salí a la calle con ganas de que me piropearan.
Jamás -por ese entonces- entendí que el amor propio nadie tiene que concedértelo. Que el acoso callejero no es ningún favor, ni siquiera es agradable. El sentir que te miran de arriba abajo esperando aprobación no es ameno. Hay que cortarla con la payasada del cortejo, como si fuésemos animales salvajes, en cualquier ámbito. No quiero que desconocidos me elogien las tetas o que me griten, así sin más y porque se puede, que tengo lindas piernas. Mucho menos tengo ganas de que expresen en voz alta sus deseos más vulgares para conmigo. Sólo quiero caminar en paz mirando al cielo y poder volver a arreglarme las caries.
lunes, 9 de marzo de 2015
Ruidos en la casa
Hoy me encuentro mirando al cielo y sonrío. Mi ateísmo ciego flaquea al sostener que estás allá arriba, mirándonos. Y es que hace cinco años necesito pensar que te fuiste hacia algún lugar (¿y qué lugar más lindo que el cielo?) para seguir con tu guía, mi guía.
Los ruidos en la casa quedan, al igual que tu enseñanza. Los cuentos, las adivinanzas, los rompecabezas. Esa maravillosa infancia que me regalaste sin exigir más que amor hacia mis hermanas. Y por tu legado voy a estarte eternamente agradecida.
viernes, 20 de febrero de 2015
inaugurar mil y un calles (cosas que dejaban de ser totalmente densas cuando me presentabas como a tu hija más grande entre los vecinos y tus compañeros políticos).
Los mejores domingos los pasábamos, después de comer tu intento de postre (duraznos, crema y vainillas) en una pileta 1x1 cantando La chacarera del rancho, señor. ¡Claro que sí! ¡Claro si pues! O habrá sido sólo un momento que extendí a rutina de mi infancia por lo lindo.
Y ahora distingo tu interés por nosotras, al intentar estar presente en todo. Más allá del quiebre, que es un hecho, hoy me gusta decir mucho que sos mi papá. Y me gusta mucho más hacer memoria a unos cuantos años atrás y recordarte como el héroe que crío en mí sentimientos de amor, equidad y esfuerzo.
Hoy en día se me hace muy difícil entender algunas cosas, pero creo criterios sobre otras tantas y sólo me queda decir gracias. Dejando de lado las diferencias que puedan distanciarnos, el cariño que llevo dentro sigue intacto. Y espero que podamos seguir disfrutando, de manera distinta pero disfrutando al fin y al cabo, de momentos padre e hija que me gustan.
Te quiero mucho, papá.
miércoles, 18 de febrero de 2015
¡Está mal! ¡No te toques más!
No soy nadie más que mi pueblo. Soy un gris empedernido. No estoy en ninguna vereda, a mí me gusta baiar en la calle (y quiero ver muchxs más delirantes por ahí).
Todas las posturas están bien si son tomadas bajo completo conocimiento de las partes y sus causas, sin caer en el absurdo juego de la repetición ignorante que nos ofrece gentilmente algún vil medio.
Está mal, para mí, naturalizar algo tan nefasto como lo es la corrupción. ¿Qué equidad y respeto podemos presumir nos brindaría alguien que tiene como eje principal resguardar sus intereses?
Como así también repudio el hecho de dejarnos ser funcionales al corrompimiento de lo poco que se logra, ayudando caritativamente a grandes empresarios que, voilà, tampoco pregonan por los intereses de los ciudadanos argentinos.
Yo soy una cantidad valuada en milésimas de pibes que no tienen la oportunidad de asistir al colegio. Soy ese pibito que creció sin cultura. Soy los chicos que tienen que trabajar. Soy los pueblos indígenas que no tienen acceso, entre muchas cosas de importancia vital, al agua. Algo tan simple de conseguir para nosotros como lo es el agua. Soy una cantidad incontable de ancianos que no llegan ni a mitad de mes con su jubilación. Soy las personas enfermas que no tienen hospitales con asistencia digna. Soy los loquitos del Borda que carecen de infraestructura, contención profesional y cuidado. Soy los centros culturales cerrados. Soy las calles sin pavimentar. Soy las escuelas rotas. Soy la uba.
Entonces, depende de cuán abiertos tengas los ojos para saber quién querés ser.
sábado, 14 de febrero de 2015
No es casual que hoy tenga la necesidad de expresar mi amor. ¿Qué otra cosa hay más valiosa que esa en un ser humano? Manifestar sensaciones de lealtad y acompañamiento, más allá de que sólo dure un momento, es un acto hermoso de encontrarse con otra alma.
Somos cuerpo y alma, eso es sabido. Y, para mí, compartir pedacitos del alma con otra persona es un sentimiento sin igual. Amar, lejos del concepto social que tenemos (el de casarse, tener un hijo, plantar un árbol y no sé qué otra huevada) no constituye más que la cosa imprescindible que nos caracteriza. La capacidad de exteriorizar, un poco en palabras y otro tanto en actos, aquello que sentimos dentro, debería ser práctica obligatoria. (¡Cómo se goza de esa sensación!)
Amo. Soy feliz con el simple hecho de encontrar amor en las pequeñas cosas (cuánto cliché, puaj). Soy porque amo. Cuánto filósofo moderno y clásico me azotaría la cabeza.
Sin embargo, me pone contenta y con ese no-sé-qué en el pecho, sonrío. Muestra clara de debilidad hacia la belleza que es la vida. No esa belleza que nos construyen desde pequeños. Somos lo que nos gusta escuchar, lo que nos agrada observar, ver, tocar. Somos eso que nos encontramos haciendo cuando estamos solos, eso que realmente disfrutamos.
No debemos olvidar que nunca seremos conscientes en realidad de nuestro yo más nuestro. A menos que caigamos en la inconsciencia de los psicóticos. Qué bien nos vendría a más de uno un golpecito, un acercamiento a nuestro ello gracias a un brote psicótico. A esos que no le encontramos la vuelta a la rosca, pero que siempre seguimos porque ya soy yo, ya es mi vida.
jueves, 5 de febrero de 2015
Hoy me siento llena. No trato de explicar más que otro sentimiento mediocre de falsa paz que todos sentimos, en algún momento, nos pertenece. Sol no es más que otro ladrillo del gran muro, del gran todo. Más allá de la normalidad de mis sentimientos banales, hoy me siento por encima de ellos. Soy Sol. Una piba más que disfruta de cuando en cuando de encontrarse. Sola, en su cocina, fumando algún que otro cigarro y tomando unos amargos. Es esa que le habla a sus perros y cerrando los ojos, disfruta entonando algunos temas acústicos que suenan de la tele.
viernes, 12 de septiembre de 2014
El barrio lo encandiló.
Voy a ser tan constante en mi pensamiento sobre la cosa que finalmente, ésta, acabará asfixiándome a muerte. Pero es así, algunos pajaritos no se pueden encerrar. Y qué locos hay que estar y cuánto tenemos que rompernos el coco para lograr exhibir nuestros ideales. ¿Quién te asegura que todos aquellos que, por ahora, te siguen no se den vuelta y les atraiga más el sabor de lo seguro? Puede ser. Todos los conceptos como "traición", "fraude" e "intolerancia" forman parte del proceso.
Gracias a mí (ni a Dios ni al destino, podría sí agradecer a personas puntuales, pero fui yo la de la mente abierta a nuevas expectativas) descubrí que era capaz de mucho más además de lo políticamente correcto preimpuesto a cualquier persona. Gracias al milagro de no dejarse llevar e ir más allá en todo tipo de cosas, pude observar. No simplemente ver. Verdaderamente ver.
sábado, 30 de agosto de 2014
Introspección
Mi mayor problema es el de no poder dejar de cuestionar. Los hechos, las acciones, a las personas, sus actitudes y reacciones. Y hoy aprendí a relacionar, a ver un poquito más allá, a animarme.
Yo.
Vivo quejándome de la mirada social que posee mi comunidad actualmente, pero ¿qué hago para modificarlo? Si bien el cambio empieza (y termina) por uno, no logro realizarlo. Sigue pesándome la crítica ajena. Siguen taladrándome el cerebro los estereotipos que nunca alcanzo. Sigo perdida. Siento que el click, ese de "dejarse llevar" no llega. Las personas no son eso que piensan, pero lo creen.
-¿Sos feliz?
El cambio es inevitable.
Una de las características que tenemos nosotros es la de ser dinámicos. No existe persona estática (que esté despierta, claro).
No somos muy afines al cambio, sin embargo lo transitamos. Sufrimos hasta acostumbrarnos. Seguimos porque "lo mejor está por llegar", siempre. Seguimos porque así nos dicen que debe ser.
Ahora bien, ¿cuánto trayecto seremos capaces de recorrer con los ojos cerrados? Se dice que así es mucho más fácil vivir, pero... ¿se vive?
martes, 26 de agosto de 2014
Hola, Medusa.
viernes, 22 de agosto de 2014
Ah mirá
Primero me dijeron que era "mujer".
Un tiempo después insistieron a mis negativas de usar vestidos, venciéndome.
Al rato me avisaron que calzaba 42.
Enseguida, posterior, me pidieron que presente al novio.
Y después de eso yo no entendí más nada.
lunes, 4 de agosto de 2014
Es decir, la gente. ¿Qué espera la gente para intentar cumplir sus deseos?
No aquellos que nos son impuestos. Otra vez, lo siento; que les son impuestos.
Buscá una mujer, casate. Tené un hijo, o dos. Plantá un árbol. No necesitarás de más.
Y gastamos la poca puta existencia que se nos presta intentando encajar en esos estereotipos de felicidad.
Abrochate el cinturón.
Da pánico estar vulnerable
Y es en ese momento en el que caigo en la cuenta de la belleza que son capaces de expresar las palabras.
martes, 17 de junio de 2014
martes, 27 de mayo de 2014
No llores, nena, que no es la muerte.
Mentira; yo tengo ganas de vivir.
Ganas de... ¿qué? ¿Qué es vivir?
-Algo así como lo que tenían mis viejos.
Just killed a man
Tus palabras, transparentes, me llenaron de paz. Me diste esperanza y por un momento me sentí esa nena de cinco años que sonreía al ver a su padre volver a casa.
Ahora no queda más que vacío. Un vacío en el pecho que genera la ausencia de calor paternal.
Las lágrimas lograron salir e inundan estas líneas.
Ojalá, quizá, algún día recobremos algunos de los rasgos que poseíamos hace ya tanto tiempo y podamos compartir, aunque sea, una mirada cargada de complicidad padre-hija.
Te amo. Pero ese sentimiento está a bit rusty y me siento impedida, por mí misma, de serte sincera y decirte cuánto te extraño. Tímida me oculto detrás del cascarón e incesantemente te cuento en secreto cuánto es que me gustaría abrazarte, sentirme a salvo en tus brazos.
